Generar nuevas formas de intervención

A los profesionales de la intervención social nos viene bien salir de nosotros mismos y de nuestra práctica diaria. Así podemos tomar conciencia de las contradicciones que nos afectan, cuestionar los modelos teóricos y organizativos en los que nos insertamos y descubrir aquellos espacios en los que podemos ejercer nuestra libertad para mejorar las intervenciones.

Las ideas de quienes se dedican a la investigación desde el compromiso con el cambio son una valiosa guía en este proceso. Así, la antropóloga norteamericana Peggy R. Sanday cita a Pierre Bourdieu para apoyar su defensa de una investigación social que mantenga “el compromiso ético con asuntos sociales críticos” (Un modelo para la etnografía de interés público, 2013):

La verdadera libertad que ofrece la sociología es darnos una pequeña oportunidad de conocer el juego al que jugamos y de minimizar los modos como somos manipulados por las fuerzas de campo en que nos desenvolvemos, así como por las fuerzas sociales incorporadas que operan desde dentro de nosotros.

P. Bourdieu y L. Wacquant, Una invitación a la sociología reflexiva (1992)

Otra antropóloga, Ariadna Ayala, es un buen ejemplo de la utilidad de la reflexión dirigida a “trabajar en favor de públicos particulares e ideales universales” y que contribuye al cambio social (Sanday, 2013). Es posible acceder a varios artículos que recogen los resultados de su trabajo etnográfico con población gitana y con el sistema socio-sanitario, formado por ong y servicios públicos, en la Comunidad de Madrid.

En ellos muestra las estrategias para la construcción de relatos de auto-presentación que facilitan el acceso a prestaciones económicas, la descripción que profesionales y usuarios hacen unos de otros y las consecuencias de los estilos de relación que establecen, o la modificación de las auto-representaciones de las mujeres gitanas a partir de la asunción de los discursos promovidos por las instituciones. La mayor parte de sus conclusiones son extrapolables más allá de este colectivo.

Ayala nos invita a los profesionales de los servicios sociales a mirar desde fuera nuestra forma de actuar y las consecuencias, tanto positivas como negativas, de las estructuras que nos integran y que reproducimos en la práctica diaria. En concreto, realiza un sano cuestionamiento de los modelos teóricos sobre la exclusión en los que suele basarse el diseño de los servicios, muestra la ausencia o indefinición de herramientas de intervención más allá de lo burocrático y nos ayuda a reconocer los conflictos que no somos capaces de resolver y que, incluso, generan las políticas sociales vigentes.

Creo que un buen punto de inicio para mejorar esta situación se encuentra en las propuestas de Esperanza Molleda, trabajadora social y psicoterapeuta, muy consciente también de las contradicciones y límites de los servicios sociales actuales. Por ejemplo, al diferenciar tres niveles de lectura -literal, de contenidos explícitos y de contenidos relacionales- en las demandas que los usuarios realizan, supera las interpretaciones que dan lugar a una respuesta mecánica (ante la petición de ayuda se tramita exclusivamente una prestación económica o un apoyo técnico) e invita a construir discursos que no estén tan viciados por las lógicas del merecimiento, donde quien solicita asistencia debe esforzarse por demostrar que es “sujeto legítimo de ser ayudado” (A. Ayala, Secretos a voces: exclusión sociales y estrategias profesionales…, 2009).

“De esta manera, la complejidad de la demanda y de la escucha se multiplica” (E. Molleda, La intervención social a partir de una demanda económica en Servicios Sociales Generales, 1999) y el profesional puede realizar una valoración múltiple -institucional y profesional, social, sistémica-familiar e individual-intrapsíquica- que orientará la intervención e individualizará las actuaciones.

La renta básica no es el problema

Los interrogantes con los que iniciamos el análisis de cualquier realidad social abren caminos para encontrar respuestas, pero al mismo tiempo ocultan otras posibilidades. Las preguntas que elegimos amplían y limitan, dan y quitan mientras orientan nuestra búsqueda de soluciones.
El punto de vista que asumimos, el paisaje que somos capaces de incluir en la foto de partida, determinará también en qué territorios encontraremos la meta. Por eso, aunque hay problemas para los que conviene utilizar un gran angular y otros que requieren el zum más detallado, conviene mirar de vez en cuando por encima de la cámara para asegurarnos de no perder la perspectiva complementaria.

La forma en que algunos discursos públicos se refieren a la renta básica -ahora en Navarra, renta de inclusión social- es un ejemplo claro de cómo fijar la atención en lo accesorio, siguiendo las premisas de determinadas ideologías, impide descubrir las cuestiones realmente importantes.

Al advertir del cada vez mayor coste que implica, se ignora que supondrá solo un 2’1 % del presupuesto general para 2015 en Navarra (el 1’4 % en 2014, cuando las condiciones de concesión eran más restrictivas). Es un gasto significativo, pero también la única o principal fuente de ingresos estables para muchas personas y familias (el 4’2 % de la población en 2014), que facilita su subsistencia en épocas en las que necesitan más apoyo. Además, está asegurado el retorno de ese dinero a la economía foral, ya que en su mayor parte se invierte en la compra de bienes y servicios básicos (alimentación, vestido, equipamiento de la vivienda, pago de suministros). Creo que es difícil encontrar partidas que afecten más directamente al bienestar de la población.

Quien alega que desincentiva la búsqueda de empleo y de formación olvida cómo el trabajo pierde cada vez más peso como factor de inclusión y que la inestabilidad laboral, con sucesivas entradas y salidas del mercado, se convierte progresivamente en la norma para gran parte de la población; además, cada vez es más habitual el perfil del trabajador pobre en nuestro entorno (el 12’3 % en España en 2014). El empleo estable no es por sí mismo la solución para las dificultades de integración, ni una meta que pueda alcanzar gran parte de la población de nuestra sociedad posindustrial. También es discutible el mantra que señala a la formación y, más recientemente, al emprendimiento como soluciones mágicas para cualquier persona en desempleo (culpabilizándolas de nuevo: “si no trabajas, es que no te has esforzado en formarte; si tu negocio no triunfa, es porque no sabes hacer las cosas bien… Así que, ¿quién va a querer contratarte?”).

Debemos preguntarnos si lo que percibimos en algunas personas (advirtiendo, además, que los discursos en contra de la renta básica toman la parte por el todo) como falta de motivación no es el resultado de la carencia de apoyos y oportunidades, de desigualdades vividas desde el nacimiento o de la ansiedad ante la continua incertidumbre que genera un modelo económico cada día más exclusor, que acaban asentando sentimientos de indefensión y generan procesos de toma de decisiones basados únicamente en el corto plazo.

Cuando escucho a profesionales de la intervención social defender los argumentos en contra de la renta básica, pienso que sería bueno buscar parte de la responsabilidad en nosotros mismos. Quizá no tenemos la habilidad suficiente para facilitar cambios en algunas de las personas con las que intervenimos. Tal vez las estructuras y servicios, demasiado rígidos o limitados, no se adaptan a sus necesidades. Puede que planteemos objetivos inalcanzables porque se nos presiona para encajar a todos los usuarios en el molde de la norma social (y cuando se fuerza demasiado a alguien, sin tener en cuenta quién y como es, lo normal es que se resista o se enfrente). A lo mejor hemos contribuido a generar un sistema en el que atendemos con más o menos rapidez demandas económicas pero no damos la misma respuesta a las necesidades personales y emocionales de quienes piden ayuda; por tanto, les hemos enseñado a demandar dinero o prestaciones tangibles de la forma más efectiva posible, pero sin dar ningún motivo para que compartan sus dificultades reales con nosotros o acepten participar en un proceso de acompañamiento profesional que implique cambios vitales.

Porque este es el verdadero problema: no hay demasiada renta básica, sino pocos recursos de apoyo personal que la complementen y alternativas, adaptadas en intensidad y estrategias a las muy distintas realidades de las personas atendidas, que les permitan (re)encontrar un espacio de participación social propio. Y sería bueno que en su diseño se tuviera en cuenta que quienes más dificultades tienen son quienes necesitan más tiempo y recursos de mayor calidad.

Otro argumento muy escuchado es: ¿y el fraude? ¿Acaso no hay perceptores de renta básica que engañan? Sí, claro; pero su existencia, como en el resto de prestaciones y estructuras sociales -sanidad, vivienda pública, contratos, etc.- no es un motivo para deslegitimarla, sino para actuar en dos vías: establecimiento de controles y, nuevamente, búsqueda de alternativas de apoyo para las personas afectadas.

Por último, sería bueno recordar con frecuencia el beneficio que para toda la sociedad supone contribuir a apoyar a las personas con más dificultades. La solidaridad y la confianza generan solidaridad y confianza; disponer de estructuras que defienden la ética del apoyo mutuo configura una convivencia más positiva para cualquier de sus miembros.

Las cosas que pensamos y no decimos

Cameron Crowe, el guionista y director de Jerry Maguire, escribió el informe completo que el personaje principal de la película, un asesor de deportistas, redacta y comparte con todos los empleados de la empresa donde trabaja.
El texto, titulado The things we think and do not say, es muy interesante, o al menos me lo parece en este momento de mi vida profesional; algo tendrá que ver escuchar hace meses cómo mi jefa me reprochaba no poderme “callar al final la puta boca [sic] cuando no estás de acuerdo con algo”. La traducción de los siguientes fragmentos es bastante libre, pero mantiene el sentido original: Continuar leyendo “Las cosas que pensamos y no decimos”

Cazador de sonrisas

Agustín Ferrer, Cazador de sonrisas (2014)

Tengo la suerte de haber sido invitado a participar en una de las presentaciones del cómic más reciente de A. Ferrer, Cazador de sonrisas.
Será el sábado 8 de noviembre, a las siete de la tarde, en Mos Eisley Comics (C/ San Antón, 71, Pamplona). Tras su lectura, se me ocurren cinco buenas razones para animar a comprarlo y disfrutar (mucho) con él:

1. La obra conecta hábilmente con elementos de nuestro imaginario cultural. No hay mejor representación del lado más amable del American way of life que una soleada ciudad de la costa oeste norteamericana en los años 60; gracias al cine, nos resultan familiares el instituto, las barbacoas en el jardín, los coches, el cine de verano, la base militar, el paseo marítimo o los vestidos y peinados de las mujeres… aunque, por supuesto, no estuviésemos ahí hace más de medio siglo.
Continuar leyendo “Cazador de sonrisas”

Corporativismo y trabajo social

Corporativismo: En un grupo o sector profesional, actitud de defensa a ultranza de la solidaridad interna y de los intereses de cuerpo.

Hace siete u ocho años escuché a una histórica profesora madrileña de trabajo social afirmar en la Universidad Pública de Navarra que algunas cosas solo saben y pueden hacerlas los trabajadores sociales. Al parecer, no creía necesario completar o justificar esa afirmación, que los oyentes debíamos aceptar como una verdad revelada. Por eso, le pregunté qué era, en concreto, aquello que únicamente nosotros estábamos capacitados para realizar. Tras unos segundos de silencio, afirmó con rotundidad -y pareció decirlo así, con mayúsculas y en negrita-: “el INFORME SOCIAL, que es la herramienta exclusiva de los trabajadores sociales”. Ahí quedó la cosa: sin más ejemplos, explicaciones ni argumentos. No sé si lo más sorprendente fue la respuesta o la aparente conformidad del auditorio.

Continuar leyendo “Corporativismo y trabajo social”

Babbitt

Sinclair Lewis, Babbitt (1922)

Cuando un lector se acerca a esta novela sin referencias previas sobre el autor y la temática de su obra, piensa que se relacionará con ella de la misma forma que con tantas otras: podrá elegir entre distanciarse y utilizar lo que cuenta como un entretenimiento más o implicarse en el relato y reflexionar así sobre su propia experiencia del mundo.
Los primeros capítulos, donde el autor parece invitar a mofarse del protagonista, confirman esta expectativa. Babbitt no es demasiado inteligente, ha fracasado en su vida familiar y nos disgusta que su única respuesta a una vida anodina sea repetir cada noche fantasías adolescentes.

Hacía años que el hada acudía a él. Donde los demás solo veían a George Babbitt, ella percibía al joven apuesto (…) Su esposa y sus vociferantes amigos intentaban seguirle, pero él escapaba, la joven volaba a su lado y se acurrucaban los dos en una umbrosa ladera. ¡Era tan esbelta, tan blanca, tan apasionada!

Continuar leyendo “Babbitt”

El rojo emblema del valor

Stephen Crane, El rojo emblema del valor (1895)

Llamar a las cosas por su nombre. Mostrar que el “valor del héroe” en una guerra es, casi siempre, solo deseo de venganza, violencia animal, desesperación, adrenalina, presión de grupo o episodio de locura… Y en otras ocasiones, impostura y relato inventado.
Aceptar que el patriotismo se diluye entre el humo, la confusión y el miedo. Atreverse a mirar cuando la defensa de los más elevados ideales políticos se desnuda y aparece como el anhelo egoísta y pueril de ser admirado, impulso del que se aprovechan quienes nunca arriesgarán su vida y su futuro.
Todo eso hizo S. Crane, un joven escritor que eliminó las referencias al momento histórico -la Guerra de Secesión- y a las batallas -seguramente, Chancellorsville y Wilderness- en las que intentan sobrevivir unos protagonistas casi anónimos.

Continuar leyendo “El rojo emblema del valor”

El teatro de las palabras perdidas

Parece que Astiberri va a publicar con regularidad a José Carlos Fernandes. Por fin, el guionista y dibujante portugués cuenta con una editorial que respeta y cuida a sus autores. Recupero mi artículo publicado en la desaparecida revista Nabarra en marzo de 2008.

Los cómics de La peor banda del mundo, con sus historias en dos páginas y diez viñetas, como breves escenas de una obra de teatro, recuerdan a los ya desaparecidos “romances de ciego”. Durante varios siglos muchos mendigos se ganaron la vida recitando de pueblo en pueblo y de plaza en mercado breves historias en verso. A veces cantaban, y casi siempre se ayudaban de un tablero o una sábana pintada con las imágenes de lo narrado, sucesos dramáticos y sorprendentes que escondían una moraleja. Eran los parientes pobres y no reconocidos de los juglares, la clase alta del arte oral.

Continuar leyendo “El teatro de las palabras perdidas”

Razón

Un buen motivo para las palabras, una de las razones de esta página:

A decir verdad, he escrito esto porque quería plantear la cuestión de saber si existiría alguna vía, por ejemplo, en la literatura o en las artes, con la que se pudieran compensar los desperfectos.

Junichiro Tanizaki, El elogio de la sombra (1933)

Entrevista a David Mazzucchelli (traducción)

Tras la publicación en Francia de La geometría de la obsesión, volumen que reunía tres historias de David Mazzucchelli aparecidas en su revista Rubber Blanket, pastis.org recogió una entrevista al autor realizada por Ambre y Jean-Philippe Garçon.

En ella mostraba, de manera más moderada que en otras ocasiones, su opinión sobre la industria norteamericana del cómic de superhéroes y reflexionaba, al preguntarle sobre Ciudad de cristal, en torno a la naturaleza y características de este medio.
Es interesante comprobar cómo su punto de vista coincide con el de Paul Karasik, dibujante y profesor como él, con quien compartió la adaptación de la novela de Paul Auster.
Por su interés y vigencia, pese a los más de diez años transcurridos, traduzco a continuación parte de la entrevista.

Nos parece que es más conocido en Francia como autor independiente que como ilustrador de series como Daredevil o Batman. ¿Es igual en Estados Unidos?
Continuar leyendo “Entrevista a David Mazzucchelli (traducción)”